La Diana

Hoy es doce de octubre, de todos los años en Zaragoza de Palmares, un día

cualquiera como podría parecer en cualquier otro pueblo, mas no aquí…

He sido despertado por una alarma distinta a la de rutina, la humedad y el silencio de la

madrugada parece haberse partido -al igual que mi sueño- por sinfonías de músicos

desafinados… Y alguna que otra bombeta lanzada a deshoras.

Como buen habitante del pueblo, he tomado el primer abrigo que estaba dando vueltas en

mi cuarto, me he puesto las sandalias que uso para dormir y sin verme al espejo siquiera,

he salido a conglomerarme con mis coterráneos. No ha salido siquiera el Sol. y aún veo

deslumbrado el firmamento entre celeste y azul.

La iglesia reza con cánticos de campanadas a su patrona, la Virgen del Pilar, que ve desde

su altar a gente que no sabe bailar, bailando, a un pueblo centenario festejar la más local de

sus tradiciones un año más.

La algarabía es tal, que aparecen siempre los mismos personajes, ignorando la sobriedad o

no de los mismos, todos somos uno…

El pueblo baila al son de la cimarrona, percusión y viento desafinan armoniosamente, los

perros callejeros corren asustados por entre la multitud que ya ve los primeros rayos del sol.

Las mascaradas corren y bailan en círculos en cada esquina, meneadas trémula y

graciosamente por aquellos que se ofrecen de voluntarios al espectáculo matutino.

Una hora que pasa más rápido de lo común, que se convierte en la primera actividad que el

orondo Sol y yo hacemos todos los doce de octubre…

PD: Espero que este texto se lea siempre con la tradición viva, y no como un recuerdo de lo

que fue…

José Carlos Zúñiga F.

12 - 10 -2023

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