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Saldos y cuentas

  Ni siquiera puedo contar las veces que subí aquellos parajes de páramo para recibir un par de besos que luego se hicieron demasiado caros. Tampoco puedo contar siquiera que usted fue mi última ex, porque dejaría en evidencia lo añeja que es mi soltería. Usted tampoco puede contar con que puede volver, porque tendría que pedírmelo una vez por cada una de todas que me rechazó a mí volver.  Ni siquiera puedo contar las cosas que hice por usted antes, durante y después de usted, pero me quedo con una despedida sin adiós    y con la satisfacción    de que por usted yo hice    todo lo que un hombre puede hacer por el amor de una mujer…

Gracias a ella

 Gracias a ella, aprendí a escribir poemas, le dediqué mis primeros dos o tres,  allá por mis dieciocho.  ¡Qué hermosa era para mis ojos enamorados!  Gracias a ella, luego de unas pocas conversaciones aprendí a rasguños que la más bonita no siempre es la mejor mujer. Gracias a ella, aprendí que el opuesto del amor no es el odio; porque odiando, aún se siente algo por alguien.  El opuesto es la indiferencia. Y ella me daba toneladas. Gracias a ella, escribo este otro poema  aquí en mis treinta y cinco. ¡Qué distinta es ella ahora  para mis ojos decepcionados!

Jueves diecinueve

 Jueves diecinueve, el día cortó su primera mitad, el almuerzo humeante no me apetece tanto. Me apetece más pensar  en nombres que quiebran silencios,  en espaldas pasadas que estimularon el sistema endocrino, pero que lo apagaron con el interruptor de la decepción. En besos que dados arriba se sentían abajo, pero que ahora se recuerdan sin tanto sabor. Quizá sea por eso  que mis silencios ya tienen otro nombre,  que mis manos ya le quitan el sostén a otra espalda,  que este gato ya camina en otros techos, y que este sistema endocrino ya segrega hormonas junto a otro más.

Dos de diciembre

 Hoy le quedé debiendo el abrazo que desde que tengo uso de razón le di cada dos de diciembre,  a la que nunca falló en darme un desayuno,  a la que se sacó la comida de la boca  para dármela a mí si no había,  a la que se llenaba el pelo de polvo  lijando muebles mientras se gastaba las manos. a la que con orgullo le contaba cada uno de mis logros. a la que todas las noches oraba por mí Y cuando la lloro, es como si me pasaran una motosierra por el pecho, ahora sé lo que le dolió haberme parido. Y eso que no le debo nada, Y eso que no me debe nada, sino esto sería insoportable… No creí que el primer cumpleaños de ella, sin ella  doliera como está doliendo.  Y lo peor es que, de ahora en adelante, cada dos de diciembre será así…

467

 Ya mis ojos no están entre tus antojos y mis rosas se hunden entre tus cosas. Ya tu glúteo no es más mi almohada ni mi bicep la tuya. Ya de nuestras salvajes mañanas de sexo no queda ni el fantasma de un buenos días. Ya me sé el guión de las despedidas y las peores nunca tienen un adiós.

De títeres y buses

Otro títere más a la obra  de los que te gusta manipular  y mover los hilos de ingenuos muñecos. La obra siempre termina igual. Otra vez tomás el mismo bus con otro nombre, otra cara  pero con poca ruta, para llevar vos el control.  La última parada será la misma. El títere te aburrirás de manipular. Te dormirás en la ventana del bus, y cuando las arrugas pinten el espejo, se acabarán los títeres que se acerquen, y al hacer señas, ya los buses no te pararán…

465

 Donde en las mañanas un recuerdo te caliente hasta el café. Donde solo recordar su nombre  te quiebre los silencios. Donde sientas que esa química te arregló las fisuras del corazón. Donde no haya que contar hasta diez para perdonar.  Donde no haya que contar los besos  y salgan baratos o gratuitos. Donde el domingo sea de novios y no de dudas. Donde no haya que amarrar el corazón. Donde no haya que cortarse las alas para seguir volando. Donde no duela el pasado. Donde se disfrute el presente. Donde no asuste el futuro. Ahí… Ahí es.