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Ya mis ojos no están entre tus antojos
y mis rosas se hunden entre tus cosas.
Ya tu glúteo no es más mi almohada
ni mi bicep la tuya.
Ya de nuestras salvajes mañanas de sexo
no queda ni el fantasma de un buenos días.
Ya me sé el guión de las despedidas
y las peores nunca tienen un adiós.
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