El quejoso
Me vengo a quejar de usted, que me arruinó mi último primer día de trabajo, su cabello acolochado me borró la sensación que se siente cuando todo es nuevo. Se robó el escenario entero, al mirarla, todo lo demás se tornó borroso, llevaba décadas sin enamorarme a la primer mirada, y cuando sonrió, Dios mío cuando sonrió… Se quebraron mis escudos de años de soltería. Agaché la cabeza después de mirarla, para no hacer aún contacto visual, suspiré, y me la imaginé en el altar vestida de blanco y diciendo: “acepto”. Ella, ahí tan de ciudad, tan metropolitana, y yo con ganas de traerla a Palmares, y contemplar juntos el atardecer mientras nos comemos la presa de Manolos. Ella tan de vosear, yo tan de hablar de usted, ella tan del GAM, yo tan rural, ella tan colocha, yo casi sin pelo ya, ella tan sonriente, y tan mía… En mi mente…