¡33!
En el tercer vagón del tren de los treinta
ya el péndulo de las emociones oscila menos,
soy más sensible para algunas cosas
y menos para otras…
La línea de crecimiento capilar sube,
y la barba crece más tupida.
La mente piensa más cada paso
y un beso vale lo mismo que escasea.
El tiempo está en la mente
porque es cada vez menos.
Y soplo las velas de cumpleaños
sin saber qué porcentaje llevo vivido.
La lista de amigos se hace más pequeña
pero quedan solo las mejores personas.
Las patas de gallo al reír
crecen como grietas en tierra seca…
Pero mi mente y mis ojos no envejecen,
se llenan de vida cada mañana.
Acepto con sabiduría las estrofas anteriores
para amar esta extraña novela mal escrita
que es mi vida…
Si hoy me dijeran que muero mañana
me moriría con una sonrisa en mi cara…
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