Gracias a ella

 Gracias a ella,
aprendí a escribir poemas,
le dediqué mis primeros dos o tres,
 allá por mis dieciocho.
 ¡Qué hermosa era
para mis ojos enamorados!

 Gracias a ella,
luego de unas pocas conversaciones
aprendí a rasguños
que la más bonita
no siempre es la mejor mujer.

Gracias a ella,
aprendí que el opuesto del amor no es el odio;
porque odiando, aún se siente algo por alguien.
 El opuesto es la indiferencia.
Y ella me daba toneladas.

Gracias a ella,
escribo este otro poema
 aquí en mis treinta y cinco.
¡Qué distinta es ella ahora
 para mis ojos decepcionados!

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