Jueves diecinueve
Jueves diecinueve,
el día cortó su primera mitad,
el almuerzo humeante
no me apetece tanto.
Me apetece más pensar
en nombres que quiebran silencios,
en espaldas pasadas
que estimularon el sistema endocrino,
pero que lo apagaron
con el interruptor de la decepción.
En besos que dados arriba
se sentían abajo,
pero que ahora
se recuerdan sin tanto sabor.
Quizá sea por eso
que mis silencios ya tienen otro nombre,
que mis manos ya le quitan el sostén a otra espalda,
que este gato ya camina en otros techos,
y que este sistema endocrino
ya segrega hormonas junto a otro más.
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