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“Noche sabatina”

Casi llena la luna de la noche sabatina, cristales de hielo de nubes altas, brisa tan trémula como imperceptible, soy un sol nocturno que la calienta a ella… Casi perfecto el amor que nos embarga, madera mojada por el rocío en los techos, luna de luz mortecina en las montañas, soy un par de labios que la besan a ella… Casi canción es este poema cálido, metal frío que se calienta y funde en un abrazo, cielo firmado por la marca de cada estrella, soy un par de ojos que la miran a ella… Casi inefable el mar de sentimientos de mi alma, tierra nueva que conquisté en una isla virgen, techitos llenos de luz blanquecina lunar, soy un corazón que la ama a ella…

¿Será?

Trémulos los árboles caducifolios comienzan a enverdecer ¿Será porque estamos en abril que coincide eso con mi corazón? Las notas del viejo piano comienzan a sonar ¿Será porque el alma vibra como si de nuevo la tocaran? Giran otra vez las ruedas de aquella vieja bicicleta ¿Será porque alguien ha vuelto a pedalear con la cadena de la ilusión? Se han dejado de oír aquellos dos dados ¿Será que este corazón ha dejado de jugar al azar? Alguien ha profanado el silencio de aquella habitación vacía ¿Será que aquel muchacho que vive solo ahí tiene con quien hablar? Ha zarpado el viejo barco y parece que lleva dos pasajeros ¿Será que se enrumban hacia aguas más tranquilas? La luna se ve ahora llena, antes estaba en cuarto creciente ¿Será que él ha encontrado su otra mitad como lo ha hecho la luna?

“Fruta para dos”

Entre soles de marzo y abril, cielos azules y hojas movidas trémulamente por la brisa, mis ojos enfocan cada sábado su cuerpo desde lejos, pasando el resto del mundo a segundo plano en instantes. Mi alma ansiosa y mis adentros eufóricos piden que corra a abrazarla, gritando una voz desesperada ¡Es ella! ¡Ahí está! Yo solo trato de medir mis emociones para no quebrarle las costillas en un impulso desenfrenado. Me reflejo en sus ojos miel y mi cuerpo se paraliza, le cuelga alegría y hasta un poco de llanto de felicidad a mi rostro, mis ojos, mi alma y mis adentros nacen y mueren en ella. Ella frunce las cejas y pregunta el motivo de mi mirada, resumo un mar de sentimientos diciendo que la he extrañado… El árbol cuyo fruto para dos hemos construido florece, en una pequeña maceta que hemos regado cada día dentro de un pequeño velero que lleva por bandera mi sol y tu luna y que muere por ver tierra pronto entre los mares de esperanza.

La Isla de lo eterno

Ella piensa que una palabra es capaz de herir más que cualquier golpe físico. Tiene dudas y un pasado como base para ser la mujer que es. Ella es como un espejo misterioso, el cual ha visto y vivido con esos ojitos que se duelen al llorar cosas horribles y aún así refleja una ternura y unas ganas de vivir que me han enamorado por completo. Ella dice las verdades con una sapiencia que cala hasta el más profundo filamento del alma, ella ha sabido suavizar lo duro de mis mentalidades, como hielo en medio de las llamas. Ella hace que este corazón lleno de cicatrices suspire, viene del cielo y me ha llamado a su barco, donde con el viento del destino vamos encaminados hacia la isla de lo eterno, donde quiero con ella vivir.

Sistema solar.

Complicidades como la de la Luna y el Sol, que comienzan a gestarse en un amanecer, girando juntos con ciclos sincronizados y perfectos, bailando juntos una danza con las estrellas. Brillaste como Venus en el firmamento desde el primer día que comencé a observarte, y yo lejano te observaba como la mancha de Mercurio cuando pasa por la enorme silueta del Sol. Pronto nos sentimos tan únicos como Fobos y Deimos, las lunas que cómplices vigilan Marte, y tú como La Tierra rebosante de vida me hablabas y revolvías fácilmente mis ideas como la atmósfera de Júpiter. No dejo de lado que nuestro cielo algunas noches se oscureció, y me sentí tan lejano como Urano, Neptuno y Plutón, pero hemos sido completos de nuevo a pesar de las discusiones, unidos como los anillos que rodean el hermoso Saturno. Y al final, a pesar de haber navegado todo el Sistema Solar, no hallo mejor sitio que tu planeta, diferente, rebosante de vida, lleno de horizontes marítimos, de barcos que llevan...

Labios morenos

Tenía una boca gruesa y carnosa, una piel morena como el dulce de  leche, unos labios dulces y apretados, aquella boca que siempre quise besar. Aquel amor platónico tenía esos labios, que nunca llegué a besar no sé por qué, me quedé con los deseos guardados en el baúl de lo que pudo ser. Tenía un pequeño lunar tan cerca del  labio superior fueron tantas las noches que soñé comerlo, que aún quedan rastros de humedad en mi boca. Y es que se le formaba una comisura en ese labio superior cuando sonreía que mojaba mis labios con solo verla en una fotografía. Oh ansiados labios carnosos rojo oscuro. Esos jóvenes labios tienen cinco años menos que yo, pero no habrá noche que no me arrepienta de no haberlos besado…

El velero

En un velero pequeño y hecho en poco tiempo, hemos escapado tú y yo de islas en ruinas. Hoy vamos juntos viajando en este bote, construido con pedazos de nuestros rotos corazones. El viento con aires de confianza mueve la vela, no sé muy bien en qué dirección, pero ella me agarra la mano izquierda y me dice que vamos aferrados al velero los dos. Hemos recordado de camino que no sabemos nadar, y que la tierra de las islas en ruinas que dejamos ha desaparecido en el horizonte, ya somos tú y yo solos, adheridos a la madera del velero. Vamos, hoy, esta noche, iluminados solo con la luz de la luna cumpliendo cada noche nuestro sueño de ver estrellas. El pájaro del tiempo llegará en su momento y nos señalará tierra nueva, y ahí, en esa isla nueva que encontremos, tomará puerto este barco se armarán nuestros corazones y serán cielo nuevo, sol nuevo y vida nueva.