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Donde en las mañanas un recuerdo te caliente hasta el café. Donde solo recordar su nombre te quiebre los silencios. Donde sientas que esa química te arregló las fisuras del corazón. Donde no haya que contar hasta diez para perdonar. Donde no haya que contar los besos y salgan baratos o gratuitos. Donde el domingo sea de novios y no de dudas. Donde no haya que amarrar el corazón. Donde no haya que cortarse las alas para seguir volando. Donde no duela el pasado. Donde se disfrute el presente. Donde no asuste el futuro. Ahí… Ahí es.
Jueves diecinueve
Jueves diecinueve, el día cortó su primera mitad, el almuerzo humeante no me apetece tanto. Me apetece más pensar en nombres que quiebran silencios, en espaldas pasadas que estimularon el sistema endocrino, pero que lo apagaron con el interruptor de la decepción. En besos que dados arriba se sentían abajo, pero que ahora se recuerdan sin tanto sabor. Quizá sea por eso que mis silencios ya tienen otro nombre, que mis manos ya le quitan el sostén a otra espalda, que este gato ya camina en otros techos, y que este sistema endocrino ya segrega hormonas junto a otro más.
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