Jueves diecinueve, el día cortó su primera mitad, el almuerzo humeante no me apetece tanto. Me apetece más pensar en nombres que quiebran silencios, en espaldas pasadas que estimularon el sistema endocrino, pero que lo apagaron con el interruptor de la decepción. En besos que dados arriba se sentían abajo, pero que ahora se recuerdan sin tanto sabor. Quizá sea por eso que mis silencios ya tienen otro nombre, que mis manos ya le quitan el sostén a otra espalda, que este gato ya camina en otros techos, y que este sistema endocrino ya segrega hormonas junto a otro más.
Comentarios
Publicar un comentario