Halo ocular

Los miré, parejos, con una lucidez tan joven como ella,
eran dos, grandes, abiertos y prestos a escuchar
como espejos que nunca se empañan: sus ojos…

Reflejaban tanta luz como la que refleja la luna,
rebotaba mi rostro en ellos como luz sobre Venus,
y reflejan como un oasis el sitio más profundo de su alma.

Son claros en tardes de sol y cafés de noche y madrugada,
tienen un halo verdoso que circula una laguna de miel.
¡Juro que he visto el firmamento en sus ojos de cristal!

Los he visto llorar quizá una o dos veces, los he visto reír,
amar, sentir y besar, los he visto decir cosas que la boca no puede,
esos son los ojos de ella, esos que sé que serán los mismos por siempre.

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